DIARIO DE BITÁCORA
Ahora ya puedo morir.
Cuando se abran los párpados,
la clepsidra de la adolescencia
se habrá extraviado para siempre.
He amado, he sufrido, he escrito.
Ya no moriré joven, ese pavor.
Ahora, morir antes o después
será parecido, porque la vida
nunca está firmada y sellada,
faltará el último verso,
arrancado siempre de mala manera.
Este amanecer romperé veinticinco calendarios.
Y cuando dos lunas como dos mujeres
viajan alrededor mío, o dos soles
me reclaman con su fuego y sus manchas,
sé que ha llegado el momento
de embarcar hacia el nuevo continente
del amor encontrado en los laberintos.
Quizá besé a la Bella Durmiente,
pero ahora, amarte es contemplar el mar.
El mar que nunca finaliza,
amaneciendo, anocheciendo. Es hora de navegar.
9 de febrero de 1987


