OTRO DÍA

Saben amar y aman,
como la arena de los relojes
baja inexorablemente,
y el ojo también lo sabe.

Pero quien ve caer
ese polvo enamorado y ve
una tarde que se olvidará,
o escucha un nombre inaudible,
en el roce del paso
de ese tiempo o ese violín,
no sabe qué color
debe dar a su canto.

Y rasguea un laúd
cuando los días son
campanas cayendo,
y canta cuando amanece azul,
pero solo es la cara
de un ahogado,
cubriendo todas las ventanas
de una casa que se despierta,
sorprendida por la derrota.

Es otro día, otra ciudad,
otra insatisfacción sin mapas.

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