ESTE OCASO YA FATAL Y FINAL

Contemplando este ya fatal
y final ocaso,

como tantos otros que me maltratarán,
me obsesiona la aguda luna
como un dolor que no abandona al alba.
Sé que no vendrás.

Tus cabellos prometían -no Io olvido-
la dulce humillación
de la más estiva mañana,
o su paso adolescente
y la minuciosidad de las violetas.

Te cimbreabas cinematográficamente,
mientras me mirabas
con ojos oníricos y mortíferos.
Creía conocerlos, tus ojos y tus sueños.

Pero derruiste los puentes infinitos
que sobrevivirán a este siglo
de azulejos y arabescos:
palabras, como sillares del tiempo,
poemas, como catedrales de agua salada.
Por eso, sé que no vendrás.

Y he aquí el dolor que no quería ver,
Ias agujas cruzando los tejidos
como ejércitos crueles y exterminadores
(aquella cuchilla saja mi ojo,
la luna y sus poemas, ruinosos
como una civilización
que nadie entenderá).

¿Cómo intuir el acantilado
bajo tus cejas,
un cielo unicamente tuyo?
¿Que un mar se retraía
en tus manos de arena
en la brisa?

Sé que muchas veces
he escrito conchas rotas,
pequeñas piedras partidas.
Pero, ¿por qué envolvías tu voz
en folios blancos, condenándome
al pavor de ese insomnio,
de esa mudez?

¿Es mi fracaso, el tuyo?
¿Es la publicidad, una época
dejando un perfume
de frialdad y falacia?

Unicamente sé que no vendrás,
que en esta hora
que más quería tus ojos,

rompo las cartas
ya nunca escritas,

oscurecidos pentagramas
inconclusos.

Sé que no vendrás, a ninguna hora.

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