MANZANAS
Contemplarte como
las islas observan los océanos,
más allá de los días, de las estaciones,
a pesar de la danza de las edades.
Quererte para herir el olvido,
para encontrar un ignorado tiempo
en los violines de tus caderas,
para encontrar tu cierta memoria,
aquellos días rubios de tu infancia
que sólo conoceré a través
de la niebla de tus cabellos,
esa niebla matinal de algún paraíso.
Quererte por las manzanas ácidas
que escondes en tu regazo,
en tu voz, en tus hombros
de huesos de mampostería,
dulce y dura, como catedrales
redondeadas
por el tiempo y el silencio.


