ELEGÍA A JUAN FERRÁNDEZ

Para María B.

 

Las esquirlas y la sangre
laceran tu rostro y tus manos
desprendidas
entre los escombros.

El mar de tu mirada
ya no dejará de cubrirse
con algas oscuras como anclas.
Paseas entre las hachas caídas
cegada en la casa vacía
que ahora apenas tejarás
con lágrimas amargas
como tormentas de cieno.

Con quien tanto quisimos
se ha enrolado,
y la conversación ha enmudecido.

Digo: no siento dolor,
mientras el espejo
muestra la calavera
tras los jirones de piel
que derrite Nagasaki.
Cuando nos miramos
ya siempre con ojos de niebla.

La ventisca ha roto una ventana
extrañamente, y el frío
sustituye a los huesos,
a los dedos que escriben,
invierno en los hombros
que, ahora sí, se desmoronan
como acantilados
a los embates del oleaje del tiempo:
sueños y alegrías disueltos
en las alegrías y sueños
de todos los demás,
ya corales indestructibles.

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