SALGAMOS AL COBALTO DE LA NOCHE
Salgamos
al cobalto de la noche,
a que nos informe
del desamor que
nos espera.
Del desamparo azul
y frío de la brisa de Chopin
que congela la infancia
cuando nadie contestaba.
De las esperanzas desamparadas
en calendarios siempre abiertos,
trenes que traían los sueños
temblando en la niebla matinal,
el desamparo de sueños
tan mal escritos, o, ¿eran en
otro idioma?
Salgamos a la noche gélida
que nos aguarda con ojos
oscuros y abiertos, con toda
la sabiduría repentina y clara
de los ahogados.
Salgamos al cobalto
de la luna ausente,
esa espada penetrante
que nos reserva metales
desde el corazón de la nieve.
Que nos entregará
el desamor perpetuo
y el engranaje seco
de todas las preguntas,
y el vaho
de las respuestas exhalándose.


