LA VIAJERA
La viajera llegó
con un nombre de norte y bruma,
a veces la lluvia
arreciaba en sus ojos.
Su cabello rubio como una leyenda celta,
y sus manos delgadas
escribiendo deseos y sueños
como poemas acuosos,
como poemas herrumbrosos.
La viajera llegó
con espuma en sus pupilas,
acantilados ignotos,
sales nunca conocidas,
novelas nunca cerradas.
Y la viajera se marchó,
tras mirar cómo se quebraban
las copas que caían de mis manos quietas.
Mis manos rotas
que no saben trazar este laberinto,
que esperan a una viajera
que traiga carta de las caracolas
y hable el idioma del litoral,
y de las distanciao balsámicas.


