TRAS LAS ENCINAS, ANCLAS
Para mi hermano Daniel, en su quincuagésimo cumpleaños
Caminando. Llueve tras de ti,
lento. El temporal es un estaño
que se aleja
para forjar otras noches oscuras.
Pero el aire es frío y lágrima
en los recuerdos matutinos
como recodos del sendero
entre los peñascales y los espliegos
escritos por el viento de la madera en tus manos.
Subes y bajas laderas,
mientras una melodía aromática
te advierte de un cielo azul pleno
y pájaros danzantes que llegan
con su certeza transparente.
Un número y un manantial
te cansan solo un instante,
pero a través de su cántico reparas
que hay algunas, distantes,
encinas ancladas
hasta donde tus ojos no son borrosos,
hasta donde se esbozan
en un pergamino de nubes bajas
en cierre.


