GRAPPA VÉNETA

Cae Venezia bajo el peso
de la desnudez de turistas y poetas,
perseguidores de máscaras
putrefactas en el agua sucia
y fotogénica de los carnavales.

Donde aquella anciana viajera
no llegó a codiciar el Campanile,
ahogada entre las palomas de San Marco
y el estruendo bélico de góndolas y motoscafi.
Su cuerpo deriva hacia
las cuentas hundidas de Murano
en el crepúsculo caliente del burdel veneciano.

Contra los poetas del Caffé Florian
marcha una guardia de leones alados
borrachos de aguas del Canareggio lejano,
dispuestos a embalsamar con grappa véneta
los ojos abiertos de la turista,
ahora y siempre ceñidos por las olas opacas
de la laguna, por la amnesia umbrosa
de los Tiépolos y Tizianos, pupilas perennes
para sustentar a la Serenísima república.

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