HISTORIA
Todas estas mujeres, como góndolas
ondulando suavemente sobre la belleza.
Y, de repente, miro el cielo de la ventana
pleno e infinito como un mar no visto,
y tu rostro me golpea como el agua.
¿Por qué esta fascinación,
si es dolor, una nave en el horizonte,
si es tu nombre, sabio y preciso
como un estilete,
como una maldición no dicha?
Pero yo sé que tus cabellos, tu piel,
son de bronce y alba quieta,
como intuyo que tus manos,
tus huesos, tus caderas, también.
(Ese clasicismo cuando caminas…)


