NOTA TOPOGRÁFICA
Esta mañana, parada en la puerta,
me miraste como un transatlántico herido,
recién regresado de mares
demasiado turbulentos.
Me miraste con esas pupilas
como gacelas cansadas de danzar
en busca de los clavecines de la sabana.
Tus ojos. Ese juego de perfumes,
las estelas de las góndolas cruzándose:
nuestros ojos, ese tejido de transparencia
y silencio con que vas creando
un laberinto de fronteras, de canciones,
en el que estoy atrapado,
entre sogas invisibles y largas como el deseo,
por una ternura que ni siquiera sé si existe.
(Esta es la breve acotación
de las márgenes de un río,
que nunca tuvo un puente latino
que venciera el alto vértigo
que las condenó a la novela, a Cervantes).


