UN VERSO DE VINO
Un verso de vino
para acallar la herida
de los domingos en declive,
para atenazar tu efigie
y acuchillarla de niebla.
Porque los días se sumen
y tu memoria se erige
en una mar granítica
hasta farallones de soledad
que invitan a la imitación del ave,
que esculpen tu nombre
ante mis ojos miopes, excepto
para los tuyos, fugitivos
pero siempre a mi costado,
envenenando mi pan y mi vino.
Ni marchas ni arribas,
pero tu rostro en perfume
me viste como seda
irrespirable, como cenizas calientes
de la hoguera que me desuella.
¿Cómo asesinaré este niño
para saludarte sin naufragios
mirarte sin descarrilamientos,
ser embajador del enigma
que oculta las ruinas de mi país?
¿Con qué verso de vino?


